El fin de semana se hizo muy largo para Leo. No dejaba de darle vueltas a la cabeza a por qué Igor tenía que recurrir a esas sustancias para estimularse. También pensaba en sí era la única sustancia a la que recurría, o usaba más drogas que esa. No sabia si era el único fallo que podía tener una persona que hasta ese momento se había mostrado de una manera especial, y no sabia si podía tener algún problema de salud derivado de ello. No estaba seguro de querer exponerse a llevar una vida así, o de aguantar a una persona con esos problemas, cuando ya había perdido a algún amigo por el infierno de las drogas. Quería decírselo todo, y no quería decirle nada, y esperar a ver cómo reaccionaba él. Estaba hecho un mar de dudas.
El lunes, a Leo se le hizo el día eterno. Había salido a entrenar pronto por la mañana, y se quedó pendiente de ver si la persona con la que estuvo hablando esa noche, Julio, solía sacar a su perro por el parque que tenía cerca, pero no hubo rastro ni de Julio, ni del perro ni de nadie. Cuando se fue a trabajar, recibió un mensaje de Igor, que había salido ya de casa rumbo a la suya. Tardo mucho en contestarle, y no sabia que ponerle. Simplemente le contestó que cuando llegara que avisara.
A la hora de salir de trabajar, Leo se dio un paseo largo por el parque. Se sentó en el estanque donde estaban los patos bañandose, y se paró a meditar profundamente acerca de lo que empezaba a sentir por Igor, y en ese instante le llegó el mensaje de este diciéndole que acababa de llegar a casa. Leo se levantó y se dirigió tranquilamente a su casa, para hacer fuerzas para decirle todo lo que le quería decir. Cuando llegó, Igor le fue a dar un beso, y la respuesta de Leo le inquietó por fría y distante
-Siéntate Igor, tenemos que hablar
-Ha pasado algo?
-Si, ha pasado, siéntate
-Tu me dirás
-El otro día, ordenando tus cosas, me encontré esto
-Eso que es Leo?
-No te hagas el tonto que sabes de sobra lo que es, es una papelina
-Eso estaba en mi ropa?
-Si, tú eres el dueño de esto?
-Que quieres que te diga, la verdad?
-Pues si, estaría muy bien que me dijeras la verdad
-Esa papelina lleva ahí muchísimo tiempo
-Como que lleva ahí muchísimo tiempo? Entonces es tuya?
-Si, es mía, a ver, te lo reconozco, yo de vez en cuando me meto cocaina, pero no es algo que esté enganchado a ello, yo lo controlo, solo es cuando voy a festivales y en fiestas que hay que aguantar
-Eso no es manera de controlar una fiesta, eso es machacarte la salud
-Pero a ver, que no soy un drogadicto, solo lo consumo ocasionalmente
-Pero podías haberme avisado de eso
-A ver Leo, que de momento no somos nada, no puedes pretender ahora controlarme cuando nos conocemos de hace nada
-Ya, pero después de lo que ha pasado no pretenderás que no me preocupe de lo que haces o no haces, si estás viviendo en mi casa lo lógico es que sepa a qué me atengo contigo
-Es que para esto no sé si me compensa vivir aquí
-Y que vas a hacer, irte a cualquier lado y que te vuelva a zurrar el gilipollas de tu ex? Que quieres exponerte de nuevo? Por lo menos aquí estás un poco a seguro
-A Costa de que, de que me controles como si fueras mi padre? No quiero que seas mi padre, ni si quiera creo que en estas circunstancias seas algo más que un amigo, creo que eres demasiado agobiante
-Pues no te preocupes que no te pienso agobiar, es más, si quieres puedes coger e irte mañana mismo, no quiero resultarte un agobio ni alguien que te proteja sobremanera. Así que si te quieres marchar, eres libre de hacerlo
-Bien, pues mañana recojo mis cosas y me marcho. No quiero ser una carga, ni que estés incómodo en tu propia casa
-Como quieras Igor
Durante toda la noche, ninguno de los dos consiguió pegar ojo, y ambos por el mismo motivo: ambos pensaban que se habían excedido. Pero ninguno de los dos quería dar el brazo a torcer. Leo pensaba que Igor necesitaba un cambio de vida, o por lo menos que fuera más tranquila, e Igor pensaba que, aunque al igual que Leo, empezaba a tener unos sentimientos hacia él, no iba a permitir que nada ni nadie le controlara la vida, más aun después de lo que había pasado.
A la mañana siguiente, cuando se levantó, Leo vio que las maletas de Igor estaban en la puerta. Por un lado, sentía un deseo terrible de pedirle disculpas, y ponerse de rodillas si era necesario para que se quedara en casa, pero no tenía valor de decirlo. No tenía fuerzas para reconocer que se había equivocado. Al rato salió de su habitación Igor, dejando las llaves de casa en el mueble de la entrada
-Al final te vas
-Si Leo, creo que es lo mejor, creo que nos hemos equivocado, y pienso que igual no era el mejor momento para conocernos. Eso sí, que sepas, que lo que has hecho por mí en estos días, no lo voy a olvidar nunca.
-Aún estás a tiempo de cambiar de opinión si así lo deseas
-Gracias Leo, y hasta siempre, eres un tío legal
Leo se fue a dar una ducha, así no vería como Igor salía por la puerta, y además no tendría que ver cómo rompía a llorar por lo absurdo de la situación. Mientras se oía el ruido de la ducha, Igor se quedó un rato delante de la puerta de entrada, intentando coger fuerzas para agarrar las maletas y marchar de allí para siempre.
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