martes, 7 de agosto de 2018
NO PENSAR EN LAS MAÑANAS DE DOMINGO
Leo yacía sobre la cama esperando que el tiempo, y la resaca se le pasara. Eran las doce de la mañana y la noche anterior la había pasado de fiesta en fiesta, y de copa en copa, hasta que no dio tiempo para más, y todas las discoteca estaban cerradas. Miraba al teléfono de reojo, esperando que no sonase, porque así no tendría que ir a salir de pinchos con su amiga Laura, la cual siempre tenía una buena excusa para ponerle en un compromiso ineludible. Seguía pasando el reloj, la una, la una y media, no daba señales de vida en esa fría mañana de marzo, lo cual para el era un alivio.
Mientras esperaba la llamada de Laura, la cual tardó poco más en producirse, echo un vistazo a quienes le habían escrito al teléfono. Tenía un montón de mensajes de su ex pareja, un rollo que para él había sido más bien pasajero pero que para el, un señor diez años mayor que Leo, le costaba algo más el desprenderse de el. Hizo caso omiso y siguió revisando los mensajes. Mensajes de su madre diciéndole que si iba a ir a comer, mensajes de su amigo Javi avisándole de que tenían que entrenar al día siguiente duro, porque la semana siguiente tenían la media maratón, pero en ese momento no tenía el cuerpo ni las ganas de penar en entrenar, ya entrenaba bastante durante la semana como para preocuparse en ese momento de calentar los músculos que estaban atrofiados por la ginebra. Así que se pasó a ver el grindr.
Grindr para Leo era como un mercado al por mayor. La mayoría siempre iba con el cuento de que buscaban algo más que sexo, pero después del primer polvo solían desaparecer. Y eso era algo para lo que Leo, con ya treinta y cinco años recién cumplidos no le valía. Él quería algo más, él quería tener por fin alguien con el que compartir la cama todas las noches, más aún cuando él era el único soltero de los hermanos, los cuales ya estaban casados y con hijos, dejándole a él como el único soltero de la casa. Su madre ya empezaba a preocupare que con treinta y cinco años siguiese pelando la pava, por lo cual le presentaba chicas, a lo cual, él siempre respondía de manera amable pero reyectiva, ya que con la edad que tenía no había salido del armario, hecho que le agobiaba de sobremanera. Sus hermanos lo sabían y le apoyaban, pero su madre, viuda de un policía muerto en un atentado, no lo terminaba de entender que dos personas del mismo sexo se pudieran querer, así que era mejor ocultárselo.
Mientras ojeaba Grindr, ninguno le hacía especial gracia. Unos eran bajitos, otros demasiado jóvenes, otros demasiado mayores, y a quien le escribía sin foto en el perfil directamente no le hacía ni caso. Así que directamente salió de la aplicación y se levanto de la cama a darse una ducha para despertarse. Mientras se metía de cabeza en el agua, se puso a pensar en la cantidad de rutas que tenía que preparar a la semana siguiente para lo transportistas de la empresa en la que trabajaba, y le empezó a doler más la cabeza, porque no había un lunes en los que no hubiese queja de uno o de otro diciendo que esa ruta le venía siempre mal, así que cuando salió de la ducha se tomó un ibuprofeno para mitigar los dolores que tenía por pensar demasiado, y, sobre todo, por haber bebido demasiado. En ese momento sonó el teléfono, era Laura, que se acababa de despertar
-Muy buenas bello durmiente ya te has despertado ?
-Calla que tengo todavía la cabeza como una lavadora, tú qué tal acabaste la noche?
-Pues me lleve a casa a un chico que pintaba muy bien. Estuvimos toda la noche...
-Deja, no des detalles, puedo continuar mi vida sin ellos
-Tu que hiciste, al final no ligaste con aquel chico tan mono de la barbita?
-Laura que podía ser mi hijo, no estoy para ser el padre de nadie
-Pero que tenía veintisiete año tío! Que tampoco eres tan mayor hombre
-Si pero no quiero un rollo que me dure una noche ya lo sabes tú bien, quiero algo más
-Para que quieres algo más? Para que a la vuelta de dos tres meses te ponga los cuernos como lo hizo el último? Para que este todos los día pendiente de si va a llegar a casa o a qué hora tiene previsto llegar? Déjate de tonterías y aprovecha el momento, que a este paso te vas a estar arrepintiendo toda la vida de lo que no has hecho
-Me arrepiento toda la vida de lo que hice mal, o de aquellas personas a las que he querido tanto para nada
-que vivas el presente! Qué el pasado ya está pasado! Ahora te vienes de pinchos conmigo, nos bebemos dos vinos, y se te pasa esa tontería que tienes
-No creo que vaya Laura, es el cumpleaños de mi madre y vamos a comer en casa de ella todos, nietos incluidos
-Bueno, como quieras, pero a la tarde te espero para tomarno el gintonic de después de comer entendido?
-Si Laura, luego te llamo y nos le tomamos, que me voy a duchar
-Venga luego hablamos
Leo se termino de duchar y se vistió un poco a la carrera porque sabía que su madre era de horarios fijos, y el tiempo se le echaba encima para la hora de comer. Sacó el coche del garaje con cuidado o para no rallarle porque el vecino siempre dejaba el coche demasiado pegado al suyo, lo que le molestaba sobremanera. Mientras conducía de camino a casa de su madre, se paró a pensar en todo aquello que pudo haber hecho y no hizo, pensar en todas las relaciones que había tenido y que salieron mal, y se sentía viejo, muy viejo, y con muy pocas ganas de intentar algo nuevo sabiendo que casi siempre acababa con el corazón roto.
Cuando llegó a casa, se encontró con lo mismo que se encontraba cada vez que había reunión familiar, por lo que se le quitaron las ganas de quitarse las gafas de sol. Su madre llorando cada poco por su marido, su hermano Nicolás cada día más gordo y con sus hijos mas revoltosos, su hermana María otra vez embarazada, cuando acababa de tener a los gemelos hace muy poco , y el seguía soltero y in ningún compromiso más que su perro cod, lo que le parecía un deja vu insoportable. La comida y la conversación de la sobremesa se hizo como siempre pesadísima
-Hijo pero tú no sientas la cabeza?
-Mama que ya tengo un trabajo estable y mi propio piso, tengo un perro, para que quiero más, explícame
-Para que me des más nietos hombre que mira tus hermanos
-Pero si ya tienes bastantes madre, no necesitas más
-Pero era la ilusión de tu padre que tú le dieras un nieto con su nombre
-Bueno eso ya llegará, no necesito casarme para adoptar un hijo, o irme a lo Estados Unidos a tener un vientre de alquiler
-Eso es demasiado moderno, los niños se tienen como se tienen, como se han tenido siempre, lo demás son mariconadas
-Tienes que adaptarte a los nuevos tiempos
-Lo que quieras pero eso son mariconadas
-Vamos a dejarlo madre
-Hijo que si me tienes que decir que eres gay me lo puedes decir,
-Ya hablaremos tú y yo
-Si otro día con más calma charlamos tranquilamente
Leo se pasó un rato jugando con los sobrinos y se fue al bar de la plaza al que siempre iban él y Laura a tomar el gintonic de líos domingos. Se pasaron charlando durante más de una hora, porque, aunque se veían poco por el trabajo, siempre que quedaban era como que no habían pasado ni cinco minuto de la última vez. Mientras charlaban, entró un chaval un tanto perdido, como si no supiera exactamente donde se encontraba, y pidió un café. Leo no le presto mucha atención, pero Laura se fijó en que estaba todo el rato pendiente del teléfono, y mirando de reojo a Leo
-Nene, ese chico te mira
-Que me va a mirar Laura no digas bobadas
-Que te digo que te está mirando fijamente
-Que será que mira otra cosa, que no me está mirando a mi
-Tienes instalada esa aplicación de buscar penes?
-Grindr?
-Yo qué leches se, la aplicación esa con la que ligáis los mariquitas
-Si, para que la quieres
-Ponla que seguro que él está ahí
Leo no quería hacerla mucho caso, pero ante la insistencia de Laura decidió meterse en la aplicación, y por sorpresa, el chico de la mesa estaba allí, al lado suyo, y si, le había escrito un mensaje.
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