viernes, 10 de agosto de 2018
LA VIDA QUE SIEMPRE QUISE LLEVAR
Igor se levantó de la mesa como si le llevará el alma el diablo. De buena gana se hubiera quedado a pasar más tiempo con ese desconocido, pero había que al ir corriendo porque tenía que firmar el contrato de la habitación que había cogido para vivir. No es que fue una habitación de hotel de cinco estrellas, pero tenía una cama y un armario, y enchufes. Lo que necesitaba para enpezar de cero de una vez por todas, y poder huir
La vida en una gran ciudad siempre es diferente a la de un pueblo, por muy grande que sea el pueblo. Y más aún cuando huyes no sólo de un pueblo, sino de una vida, de los problemas, y, sobre todo, de alguien que no había hecho en tu vida más que arruinártela. Por eso cualquier cosa era mejor que el infierno para Igor, cualquier cosa menos volver a sufrir como había sufrido
Nuevo trabajo, nueva vida. Mientras se tumbaba en la cama para respirar un poco después de una jornada maratoniana, penso que poco tenía para descansar, porque tenía que empezar su nuevo trabajo en la residencia de mayores, y encima sus padres iban a ir a colocarle las cosas, bueno, la cuatro cosas que su ex pareja le había dejado en condiciones después de la última paliza, en la cual le dejó un ojo morado y le hizo perder dos piezas dentales. Por si fuera poco, además, se dedicó en los días posteriores a perseguirle allá donde iba, hasta que un día tuvo que llamar a al policía para que pusieran fin al acoso de una vez por todas.
Cuando llegaron su padres una mueca de lastima inundó el rostro de los tres, pero los tres sabían que era la mejoro opción de todas, y que de momento no había marcha atrás, no podía haber marcha atrás
-Arratzaldeon hijo, así que este es el sitio donde vas a vivir?
-Si aita si, aquí es donde pienso vivir de momento
-No está mal, pero, cuánto vas a pagar por este cuarto?
-doscientos euros ama, no e mucho, y de momento esto es lo que me puedo permitir
-Si te quedaras con nosotros no tenías que estar andando de aquí para allá como perro sin dueño
-Ama, no insistas, allí en el pueblo no me podía quedar, ya sabes que Iker....
-Si, de sobra sabemos lo que te hizo Iker, si no anduvieras en líos con maricones estas cosas no te pasaban
-Bueno ya está bien aita, no sigas con eso, ya sabes de sobra lo que hay, y me gustaría que fueras un poco más respetuoso con mi condición sexual
-Si yo te respeto todo lo que tú quiere Igor, pero entiende que en el pueblo, cuidando la casona de tu tío Hodei estarías más a gusto, y sin tantos problemas
-También es una buena manera de probar una nueva vida, en una ciudad grande como esta, donde no me conoce nadie....una nueva oportunidad
-Como quieras pero las puertas de casa siempre están abiertas
-Lo sé padre, lo sé
Después de vaciar todas las maletas, y de colocar las cosas donde humanamente pudieron, Igor y sus padres se fueron a dar un paseo por el centro de la ciudad y se tomaron un helado en la heladería más famosa que había, la cual les cobro por los tres helados como si el cucurucho fuera de oro, lo que enfado terriblemente al padre de Igor. Después, se fueron a donde habían dejado el coche, y se despidieron quedando en que Igor iría a verles tan pronto como le fuera posible
La jornada de trabajo fue de lo más ligera posible. Le enseñaron un poco las instalaciones, los horarios, le presentaron a sus compañeros, y a alguno de los residentes a los que iba a tratar más directamente. El primer día nunca es un día de trabajo a destajo, como le explico su jefe, sino que es un poco de tanteo, con el fin de la gente no se asuste, y vuelva al día siguiente. Después de la carcajada, se puso a revisar lo expedientes de las personas que estarían a su cargo, y cuando llego la hora, salió a dar un paseo por la calle, a solas, mientras la ciudad dormía
Los escaparates le estaban causando una cierta sensación de Peña, envidia, y soledad. Mientras miraba la ropa de los maniquíes, los muebles de la tiendas, los viajes a todos los lados del mundo, y saber que en ese momento él se tenía que conformar con un camastro cutre y una habitación enana le hacía sentirse insignificante, pero tenía un montón de sueños y ganas de reconstruir su vida. El problema es que tenía la ganas, pero no los medios, por lo cual se encontraba en un callejón sin salida.
Mientras paseaba, saco el teléfono y echo un vistazo a los locales gays de la ciudad. No era una ciudad muy grande, por lo que no había más que dos localuchos un poco presentables, pero quería conocer a gente, rodearse de personas que entendieran como él entiende, así que se acercó al primero que salía en la lista. El local estaba tapizado con telas rojas, y las mesas estaban a la izquierda, redondas y con dos sillas cada una para sentarse. No inspiraba mucha confianza pero la gente era amable así que se sentó a ver el espectáculo de drag queens que habia. Total nada perdía y quizás encontrara a alguien interesante . Cuando acabó el espectáculo, ya había trabado amistad con dos chicos, uno que tenía una barba poblada llamado Carlos, y a Azael, un chaval osete que se había por el que se había sentido atraído, pero que no le hacía demasiado caso. Pero a él no le importaba eso. Le importaba el hecho de que quería rehacer su vida, y había cogido los primeros mimbres para realizarlo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario